Te recuerdo, Jara

03/06/2009

A los dieciséis, mientras estudiaba guitarra en el Conservatorio -a esa edad era tarde para empezar a “leer” música, aunque prometo que lo intenté- me pasaron un cassette de Victor Jara. Era un recital en vivo, o mejor dicho un “bootleg” salvado en plena migración de la resistencia izquerdista hacia el poder. No estoy seguro si fue grabado en una universidad de Perú o México.

Era mi etapa “idealista” (para tratarme con cariño): leía sobre Marx, escuchaba Rage Against The Machine, devoraba los textos sobre el Golpe de 1973 (y peleaba con mis compañeros hijos de marinos) y me ponía a conversar con tipos que por ser a mí no me robaban en el centro (aunque una vez uno me amenzó de muerte, totalmente drogado por el neoprén)

Los libreros me miraban enojados cuando revolvía sus porquerías de libros. También escuchaba en mi walkman “Grandes éxitos” de Silvio Rodriguez y ahora, este disco de Jara. Obviamente ya había leído mucho sobre él, sobre su muerte y las citas en las canciones de U2 o The Clash, que en esa época al menos eran importantes. Supe que Cristo le parecía un “personaje muy interesante”, que tocó en Cuncumén y que formó una banda tipo The Byrds con los Blops.

Si bien me sorprendió su voz (parecía de profesor, en el peor sentido) y me gustó que la guitarra de “La Cocinerita” estuviese amplificada, debo decir que “Te recuerdo Amanda” o “Cuando voy al trabajo” me afectaron más de lo que esperaba. Recién entonces recordé las venidas a la casa de mi tía Cecilia cuando era muy chico, cuando intentaba tocar su guitarra siguiendo esa música acústica de izquerda y con arpegios.

Me conseguí más discos, hasta logré sacar “Luchín”, pero no podía alcanzarlo. Su voz, esa extraña voz de profesor se me escapaba, quizá porque se quedó en ese 1973, cuando él mismo no podía evitar politizarse. En verdad, todo el país era tan estúpido que era capaz dar la vida por una idea, aunque al final realmente muchos se escaparan dentro de los barcos, delataran a sus compañeros o se quedaran con los fondos de la solidaridad internacional. (1)

Y  leyendo estas cosas, aunque sin tener bien claro las negociaciones de la transición, o los crimenes perfectos políticos, dejé las canciones de Victor, sus arpegios. O mejor dicho él mismo se fue. No estaban los tiempos para cantarlo. O quizá era una idiotez prenderle velas o juzgarlo con la severidad brutal de la Derecha. Seguro que prefería el Teatro, aunque supe que se peleó con Neruda porque éste odiaba el rock. Algo así. A veces, me quedaba mirando a los tipos de pelo largo de la Universidad de Concepción cantando sus canciones con ojos enrojecidos. Entonces, subía el volumen de mi walkman donde tenía a The Smiths. Y eso no es nada, porque más adelante terminé publicando en Rebelion y El Mercurio. Aunque debo decir a mi favor, que mi plata se iba directo al arriendo de una miserable pieza que antes fue un baño baño en suite. Pero esa es otra historia.


(1) Estos dos últimos, los grandes tabúes de la transición, aunque el primero es más entendible que el segundo, sobretodo con los manuales de tortura importados de la Alemania nazi. .

Fundamentalismos, ideologías y por qué los ateos optimistas e integristas religiosos son lo mismo.

Zeitgeist (Peter Joseph, 2007) es la clase de documental que puede interesarle al espectador ideal de Matrix. Es decir, un idiota. Antes que googleen: la cinta es un reportaje/denuncia sobre las “conspiraciones” que construyen nuestra realidad: cristianismo, economía bancaria y Torres Gemelas. Nuestra existencia sería una versión más del mito de la caverna platónica pero mediada por la CNN, las corporaciones, internet, los bancos, politicos, etc…. Así, mientras Joseph intenta convencermos de la inexistencia de Dios, citando principios astronómicos y lineamientos culturales precristianos (egipcios, grecoromanos), yo recordaba la escena descrita por Zizek cuando vió la saga de Neo en un cine de barrio en Eslovenia: “A la derecha tenía a un humbre de veintitantos años tan inmerso en la película que se pasó todo el tiempo molestando a los demás lanzando exclamaciones del tipo “¡Dios mío, vaya, o sea que no hay realidad!” (1)

Sin embargo, algo hay en la línea argumental -y “argumentativa”- de Zeitgeist que la diferencia de otras producciones similares como “Super size me” (Morgan Spurlock, 2004), “Religulous” (Larry Charles, 2008) o las de Michael Moore. Incluso a The Corporation” (Mark Achbar y Jennifer Abbott, 2003), que expone frontalmente la demencia de la ultraderecha protestante estadounidense (y ojo, no vista desde el ateismo librepensante de moda, sino desde el mismo protestantismo moderado estadounidense).

Lo misterioso en Zeitgeist parte por su director. ¿Quien es Peter Joseph? ¿Por qué insiste en no dar su otro apellido? ¿De donde salió, que hasta en la sección Q&A de su web oficial se pone el parche diciendo que su nombre y existencia es real, no un invento?. También son imposibles de ignorar los fallos o errores (para demostrar que la Biblia es falsa explican por qué Jesús nunca nació el 24 de diciembre… siendo que en el lubro nunca se menciona una fecha). Pero lo más raro es ese aroma new age, con mensajes manipuladores/retóricos tipo: “la revolución es ahora” (2)

Sería divertido aprovechar el marco teórico lacaniano de Zizek y decirle a Joseph… “Ok, y si rompemos la burbuja que nos separa de lo Real, ¿quien nos garantiza que lo que vamos a encontrar es efectivamente la realidad? ¿Acaso no pueden ser multiples realidades? ¿O es el gran Otro, que se apropia de la estructura simbólica para hablar por nosotros? Sin embargo más interesante es ver como Zeitgeist se asocia con el ateismo para principiantes de libros como “Dios no es bueno” o los buses ateos catalanes y londinenses. Esta optimista y populista versión del ateismo de la ilustración (sin la carga política de la separación Iglesia/Estado de los siglos pasados) es un tema en sí mismo. Como la liberación de una construcción más humana que divina, donde Dios se asemeja a un Zeus con rasgos odinísticos: castigador, Gran Hermano, manipulador. Esa idea divina se emparenta en su concepción y se contrasta en su idelogía al de los  fundamentalismos religiosos estadounidenses.


Es inutil volver a la vieja paradoja de “Si Dios no existe, para qué gastas el tiempo negándolo”. Tampoco a la apuesta de Pascal. El problema del ateismo pop y el integrismo religioso es común: la absoluta seguridad que profesan. En efecto, porque tanto convencimiento, seriedad en la elección, potencia ideológica (casi siempre tienen un marco ideológico que defender y que les proporciona los arguemtos al mismo tiempo) niega cualquier posibilidad de la duda, cuestiomamiento, investigación. Es decir, lo “humano”. Sobre ese lineamiento sostenido en “ideas” se comunican y constituyen “las dos caras de la perversión”.

Es difícil eludir una mentalidad dominante. La nuestra, post-cristiana e ideológica, precisamente potencia la arquitectura mental (ideologías, religiones, política) y al mismo tiempo su respuesta: los integrismos. Incluso, si desechamos el argumento postmoderno que no hay realidad o que vivimos sumergidos en varias “realidad alternativas”, de todas formas tomamos lo que nos interesa de la realidad -como el documental Zeitgeist- en lugar de aceptarlo todo, para luego “trabajar” sobre eso.

¿El triunfo de las ideologías como fin de la civilización? ¿Los integrismos marcarán el fin total? No es tan difícil entender la trampa discursiva de los ateismos, falso sentido religioso o documentales manipuladores.

Notas:

(1) “Matrix” o las dos caras de la perversión, Slavoj Zizek. Compilado en “Lacrimae Rerum”, Random House 2006.

(2) Las críticas, fallos y errores de la cinta se encuentran compilados en este apasionado ensayo (que termina con insultos a los insportables posteadores que no entienden nada). Es tentador imaginar la construcción de una conspiración perfecta, que tenga sitios “negacionistas” o al menos cuestionadores de los cuestionamientos, como este, que permitan ocultar una maquinación real. ¿O ya existen?

Entre otros records, Oasis pasaron de héroes indies –en el sentido británico del término– a dinosaurios del rock en apenas tres discos y cuatro años. Si nos olvidamos de los elogios fotocopiados del Definitely Maybe (1994), las increíblemente certeras frases de Noel Gallagher, la estupidez de su hermano Liam, el nerdismo de sus influencias (amor a Los Beatles y Paul Weller; odio a la eléctrónica) y su puñado de hits; nos queda una banda que rompió la hegemonía estadounidense del grunge/college. No tanto por su música, sino por resignificar el resentimiento a través del exceso y el vínculo perverso con el cancionero rockero inglés.

Hay dos cosas que grafican esto. Primero, la imagen del Gallagher mayor en el video de “D`you know what i mean”, el primer single de Be Here now (1997). Despojado de su flequillo mod (¡y que motivó portadas en la prensa!), con helicópteros sobrevolando a la banda y con una Flying V conectada a una muralla de amplificadores Marshall. Es decir, el fetiche de las bandas de thrash y death metal, usado para acordes clásicos. Lo segundo tiene que cer con cierto juego, citado en todas las biografías de Oasis, de encontrarle parecidos a sus canciones. Por ejemplo “How sweet to be an idiot” de Neil Innes con “Wathever” (2). O “20th century boy” y “Cigarretes and alcohol”. O “Hello, hello i`m back again” de Gary Glitter con “Hello”. Es decir, el plagio descarado a los hitos del glam de los setenta.

Excesos y vínculos perversos con la tradición. O una nueva forma de proyectar el resentimiento y enfocarlo productivamente.

¿No es acaso esta “megalomanía” y “descaro” expresado en el video y los plagios las grandes fortalezas que elvaron a Oasis a la condición de gran banda inglesa de los noventa?. Mientras Jorge Gonzalez cantaba contra los ricos o el sexo, simplemente porque no lo habían invitado a la fiesta (y después ingresó feliz, como vemos), los hermanos Gallagher usaban la violencia y el humor –tan común en la Inglaterra de Tatcher, como vemos en “This Is England” (Shane Meadows, 2006)– como conductor del resentimiento y que terminó convertido en canciones.

Noel Gallagher reconocería que Be Here Now fue grabado entre montañas de cocaína y que las canciones no eran tan buenas. Pero yo me atrevo a decir que éste es el mejor disco de Oasis.

Primero, porque es la primera vez que sus canciones no copian directamente de las fuentes. O al menos, el robo se torna difuso. Así, no queda tan claro si el principio de “Stand by” me será un guiño a “Interestelar overdrive” de Pink Floyd (aunque considerando la carrera futura de la banda podemos decir que sí. Segundo, el uso de las guitarras no imita el sonido baggy del primer disco ni el giro “acústico” hacia las canciones himno del segundo (“Wonderwall”, la primera parte de “Champagne supernova”). De hecho las guitarras son ensordecedoras, pero no desde el ruidismo avant garde, sino de la distorsión bruta de quien tiene dinero para comprarse torres de amplificadores y los usa como en el primer ensayo. Tercero, la cristalización de la huída del pop comercial y el encuentro con la tradición rockista. Esto es lo hermoso de Oasis, que este es el disco que los arruina glorisamente. Acá los estribillos son espesos (“I hope, I think, I know”, “Magic pie”; al igual que los Kinks hay por primera vez una conexión directa con la raíz americana (“The girl with the dirty shirt”, guitarras gentileza de Johnny Depp); y la idea de himno /canción perfecta llega a su climax con “All around the world” (incluso con una coda)

Yo, que disfruté del britpop en tiempo real. Escuchaba los discos de singles que venían en la New Musical Express o la Q, además de leer toda la prensa o sintonizar especiales de radios universitarias, recién me di cuenta que la banda no tenía ningún camino tras el éxito de sus dos discos anteriores. Por eso Be here now fue un desastre glorioso.

O, más bien, una fotografía del abismo en que caería la banda en sus discos posteriores. Entrando de lleno al lugar donde cada disco nuevo es “el mejor en tu carrera desde xxxxx”. Como U2. O Radiohead.

Oasis toca en Chile el 5 de mayo.

Notas

(1) Es discutible la calidad intrínsica del disco, a pesar de la insistencia de las reseñas en señalarlo como punto de quebre “sónico” a toda la angustia grunge bastardizada por la MTV (cuando pasaba videoclips). ¿No es el What`s The Story el verdadero álbum clave del britpop? ¿No es el Definitely Maybe una masa de guitarras mal grabadas con un par de canciones realmente buenas (“Live Forever”, “Supersonic”, “Slide away”? Sincerémonos o discutamos.

(2) Innes usó el detalle en la segunda parte del célebre documental de The Rutles, jugando significativamente con la versión de Oasis (que en realidad es SU tema) y “A day in the life” de Los Beatles. La canción se llama Shan-Gri-La y en el video aparece Slash hablando de los Rutles (junto a Steve Martin, Paul Simon, Mick Jagger, etc). Es muy chistoso.

Antes, cuando estaba en el colegio, era capaz de esperar cinco horas pegado a la reja sólo para ver cómo Alvaro Henriquez tocaba la guitarra. En esa época yo era un alumno aplicado del instrumento y, creía que el futuro no estaba en Joe Satriani o Kirk Hammet (que, digámoslo, ocupa recursos standar y pentatónicas, en vivo, disparadas a cualquier parte). Y aprendía, me sabía las letras y lo pasaba bien. Sin embargo, desde que Los Tres se “reconciliaron” e hicieron un disco con 70% de riffs y que nuestro país se volvío una plaza apetecible para las bandas extranjeras (para no decir el cajero automático del continente) cada recital al que asisto es un trámite, un padecimiento, una lata. Y no he aprendido nada nuevo en guitarra, aparte de “Hallelujah” de Leonard Cohen.

Sé que esto es un signo de vejez, pero me asquea saber que un conjunto de extranjeros se la pase tan bien tocando en piloto automático. Que hayan viejotes convertidos en unas adolescentes histéricas ante los mismos ídolos que les pedían “matar a los ídolos”. Que los recitales partan tarde y siempre esté vacío el sector “Vip”, porque sólo entra gente invitada, que no reportea ni trabaja se lleve entradas gratis para sus noviecitas y compañeritos de trabajo. Que las entradas cuesten tan caras, a veces más caras que en cualquier otro país. Pero lo que más me enferma es que las bandas que me importaban nunca lleguen o vengan cuando están totalmente agotadas y respaldadas por ese entusiasmo horrible, de gente que se los baja por rapidshare y ni siquiera alcanzan a aparenderse las letras. Como cuando me encontré con un fotolog de unos tipos mods (!!!) que prefieren ver a Jarvis Cocker en lugar de ¡Jane Birkin!, que tocaba la misma noche. Por favor, ¡Jane Birkin! del swinging london, novia de Gainsbourg, amiga de todas las bandas inglesas.

Me perdí a Mc Cartney el 93, Ramones el 94, a los Rolling Stones el 95 y a Oasis el 98 (también me perdí a Dylan ese mismo año pero saldé la deuda el año pasado y me lo topé en la camioneta en ese tipo de milagros donde Moisés y Jesús actúan juntos como dos superhéroes). Y ya desde los veinte, pienso, las música se empieza a escuchar mejor en audífonos que en vivo.

Por eso me gusta Belle and Sebastian. Porque sé que es muy difícil que bajen a tocar acá (con suerte tocan en vivo y además un productor me contó que sus tarifas incluyen hasta un cocinero especial). Pero si lo hacen sé que lo pasaré bien, increíble, genial como lo pasaba en cualquier recital a los diecisiete. Porque tal como sucede con el estudiante de periodismo y “Casi Famosos” o el estudiante de cine con Lynch, es fácil convencerse que la banda es como uno.

Porque sólo a alguien con una colección de discos y revistas de música puede ser capaz de preguntarle a Chrissie Hynde que opinión tenía Ray Davies sobre los covers de los Kinks que hizo The Pretenders. O, en los recitales, hacer covers de Blue Oyster Cult, The Beatles y Thin Lizzy. Y pasar del folk acústico al pop de cámara, Northen Soul y glam, como si nada. O tener una sección (“Q & A” en la página web donde dejan que el público les pregunte por las influencias o discutan sobre bandas. Desde el Tigermilk (1996) hasta las canciones de God help the girl (2008), Belle and Sebastian se pasean -y nos invitan a seguirlos- por todo una línea que va más allá del canon Beatles-Hendrix-Zeppelin o Velvet Underground-The Clash-Sonic Youth (1).

Y leen. Las referencias literarias van desde el video de “Wrapped up in books” hasta “This is just a modern rock song”, donde Stuart Murdoch canta:

I’m not as sad as Doestoevsky,
I’m not as sad as Doestoevsky,
I’m not as clever as Mark Twain,
I’ll only buy a book for the way it looks,
And then I stick it on the shelf again.

Pero hay un malentendido: Belle and Sebastian no le cantan a los nerds. O al menos a la construcción social del nerd-post venganza. Se supone que los nerds se tomaron el mundo en los noventa y desde un punto de vista nietzscheano impusieron una cosmovisión dominada por la vulnerabilidad, el conflicto paterno, la mediatización social vía internet. Una mamonería insportable codificada desde los lentes de marco grueso, la adoración por la cultura pop y el miedo al sexo. Y si escuchamos sus últimos discos, su opción por el glam sólo aclara el paso del nerdismo al despertar sexual. O más bien, el salir de la pieza a la calle a ver qué pasa

Belle and Sebastian hablan desde el mismo lugar que los Smiths o R.E.M. O The Kinks. La angustia de vivir, el suicidio social y el aislamiento rodean sus canciones. Gente a las que la ciudad les queda chica (“Dirty dream 2″), mujeres que se meten con la primera persona que encuentran (“Lazy Jane Painter Line”), hombres que en lugar de bailar terminan con la cabeza en la mesa del café (“There`s too much love”). Y uno, que ya es viejote Y anda en bicicleta por barrios post-industriales, los entiende perfecto.

Además, ¿como no te van a caer bien, si le dedican una canción al tipo que les rechazó un contrato porque un integrante no pudo llegar a la hora por estar lavando platos? (“Seymour Stein”).


Belle and Sebastian lanzaron una compilación de sesiones para la BBC. Reseña y link con God help the girl acá.

Nota:

(1) La historia del pop se maneja básicamente en dos sistemas canónicos. El “clásico” que va desde el rock and roll y Los Beatles hasta llegar a U2, Radiohead o Coldplay y el “alternativo” que incluye garage, Velvet Underground, songwriters, post-punk y bandas tipo Pixies, Sonic Youth o Arcade Fire. Ambos, integrados completamente a la industria cultural (reediciones, DVD, recitales, prensa, poleras). Aunque se “vendan” en sus particulares terminos como rupturistas, a diferencia de las ramificaciones hardcore o jangle, por ejemplo.

Esta foto la tuve pegada frente a mi escritorio durante toda mi temporada en la radio Rock and Pop.

Esta foto la tuve pegada frente a mi escritorio durante toda mi temporada en la radio Rock and Pop.

I won’t take all that they hand me down,
and make out a smile, though I wear a frown,
and I won’t take it all lying down,
‘Cause once I get started I go to town.
‘Cause I’m not like everybody else,
I’m not like everybody else,

The Kinks – I`m not everybody else


1. You Really Got Me: un despertador en la invasión británica. The Beatles es al rock lo que el Papa al catolicismo, si se me perdona la comparación. Pero mientras la religión organizada admite cierto grado de discusión o crítica, cada disco de los ingleses pertenece a la categoría ex catedra. Es decir, su carrera entera, incluyendo las maquetas para el sello Decca y ese mashup que fue Love (2007) tiene ese extraño aire a verdad absoluta, revelada e incuestionable. Así, cada melómano del rock/pop tiene internalizada ideas fuerza como a) The Beatles evolucionaron en cada disco, adelantándose a todas las bandas de su tiempo e inventándolo todo incluso separarse (2) b) Su historia parece hecha por un guionista (2), c) Fueron la voz de su generación, d) Canciones como “Yesterday” o “Let it be” son patrimonio de la humanidad o e) Nadie los superará jamás. Engañosas en su simpleza de “cliché”, estas ideas –esparcidas por fans, managers y prensa especializada– esconden un fondo perturbador y reaccionario: Con The Beatles, la música popular ya llegó a su cima y cualquier obra ajena a la discografía Beatle, nace devaluada.

Pero, hay una cuenta pendiente entre los de Liverpool y The Kinks (3). Si comparamos sus hitos discográficos veremos que el mayor talento de los Beatles -junto a George Martin- era capturar los “hypes” y volverlos buenas canciones, en lugar del mito de “evolucionar” creativamente antes que los demás. Y, a su vez, el mayor error de los Kinks fue trabajar con una red de apoyo precaria (Sello Pye, el manager Shal Talmy) y no tener una imagen de marca, en una era donde el hype y lo mod dominaban todo. Así “You really got me” (agosto, 1964) de los Kinks transgredió las pautas del pop, más que “She loves you” o “I want to hold your hand”. En esos meses los Beatles seguían fascinados con el sello Tamla/Motown, el viejo rock and roll y el segundo disco de Bob Dylan. Los Rolling Stones aun no tenían un repertorio propio y el resto de la “invasión británica” seguía pegada al mersey beat o el r&b, a excepción de otros subvalorados, The Zombies.

El riff seco de Dave Davies (algunos creen que es Jimmy Page, un asiduo músico de sesión de bandas beat, incluyendo a The Who), heredero del garage estadounidense de The Sonics o The Kingsmen (especialmente de “Louie louie” (1963) hizo que The Who dejaran de mirar a Lennon/Mc Cartney y que los mods terminaran de separar el rock del soul/r&b. Tres meses después The Beatles sacarían “I feel fine” con el característico feedback de la guitarra de George Harrison.


2. La mirada de los otros o la tercera persona en Ray Davies. Nadie escribió tan buenas letras como el lider de los Kinks. Cuando la mayoría de las bandas seguía hablando de amor, él se la jugó por sus personajes, decadentes, tristes, queribles. Como el hombrecito gris de “A well respected man” (octubre, 1965) (Porque se levanta temprano/ y va a trabajar a las nueve/ y vuelve a casa a las cinco y media/ Siempre toma el mismo tren/ Porque su vida gira en torno a la puntualidad/ Nunca falla). O el mod de “Dedicated follower of fashion” (febrero, 1966). O el tipo que elegió el suicidio social y se proyecta en el atardecer y una pareja de enamorados –¿Terence Stamp y Julie Christie?– (“Cada día contemplo al mundo desde mi ventana/ el atardecer más gélido/ el ocaso en Waterloo es hermoso”). O las hermanas Sylvilla y Percilla, la primera se mira en el espejo y la segunda recibe el reflejo de la lavadora en “Two Sisters” (disco Something Else, 1967). O “Lola” (junio, 1970) aquella mujer que daba abrazos “de hombre”, entre otras cosas.

Mientras seguían patentando la guitarra distorsionada y el power pop (“All day and all the night”, “Till the end of the day”), The Kinks dirigían la mirada hacia la crónica, los individuos, el cansancio cósmico de vivir. Mucho antes que aparecieran Eleonor Rigby o Miss Amanda Jones.


3. El fin de la juventud o la renuncia generacional. La generación post-punk y new wave, era cínica sobre el aporte del punk (4) y del rock “clásico” en general. Sin embargo hay casos como The Pretenders que en su debut homónimo de 1979 grabaron el cover “Stop you sobbing” y en el siguiente, Pretenders II (1981) hicieron la increíble “I go to sleep”. Este último Davies terminó cediéndolo a Cher. Y, bueno, Chrissie Hynde la lider de la banda se casó con Davies, separandose unos años después, en una de las relaciones tormentosas de la historia del rock.

Porque otro eje narrativo de los Kinks es el aislamiento, el renunciar a los demás para salvarse, la asociabilidad. “Im on an island” (del Kinks Kontroversy, 1965), “I`m not everybody else” (lado b de “Sunny Afternoon” de 1966) o la reveladora “Rock and roll fantasy” (1978), donde Daves hablaba de su elección de armar una banda y cómo se sentía al mirar a sus viejos conocidos que no lo siguieron.

Mientras los Beatles llamaban a unirse “All together now”, o los Stones ahogaban sus penas en el blues, The Kinks eran profundamente desconfiados del “otro”. Pero no desde la infantil postura de la rebelión ante los padres (teenage angst), sino desde como una elección voluntarista, ante la atomización de la vida y las relaciones interpersonales. Como el personaje de Adam Sandler en la fallida Reing over me (Mike Binder, 2007) que, para elaborar su duelo, tras perder a su familia que viajaba en uno de los aviones que chocó con las torres gemelas, decidió no hablar con nadie y cruzar Nueva York escuchando a … ¡The Pretenders!


4. En busca del tiempo perdido. Lo anterior nos lleva a la melancolía ante la “ausencia” del significado. Y la banda, se interna en un camino dificil: hablar de la Inglaterra que ya no existe. O quizá nunca existió, pero que su misma idealización es una protesta ante la idea de “presente” (que curiosamente dominaria todo el britpop de los noventa). Una nación trabajadora, de gente buena, creyente. Cuando sacaron el Village green preservation society (1968), la dimensión comunicativa Beatle era una vaga espiritualidad hindú, un panteismo centrado en el amor y las disputas de sus integrantes. Los Stones, hacían apología de la destrucción en el Beggars Banquet y la mayoría de las banda se limitaba a los experimentos psicodélicos, algo pasados de moda o aumentaban la distorsión de su heavy blues como Led Zeppelin o los barrocos Deep Purple.

Pero The Kinks hablaba de “regresar al Village Green”, de cuidar los valores morales. No por nada, terminarían -en su discutida etapa de estrellas de arena rock a mediados de los setenta- adoptando la raíz estadounidense (hillbilly, country, folk) como única alternativa “pura”, ante tanta carencia de sentido


5. La raíz americana o la tierra prometida de la canción popular. Hasta hoy, el country es visto como una música republicana, redneck o, como decía Clint Eastwood en Gran Torino (que quizá se llevaría muy bien con Davies) “white trash hillbillys”. Sin embargo, algo hay en sus rasgueos que imitan el galope del caballo (¿una reacción ante la aparición civilizadora de la locomotora? y, sobretodo, en sus tradición de melodías tristes/jaculatorias, una sabiduría que dialoga perfecto con el blues, el r&b y la canción popular estadounidense (5)

Esto explica, la relativa indiferencia de Ray Davies y su hermano Dave (en eterna disputa), Pete Quaife (bajo, John Dalton sería su reemplazante desde 1969) y  Mick Avory (batería) ante las citas, homenajes o directamente saqueos de Oasis, Blur (“Parklife”, sobretodo) o Pulp (el Different Class de 1995, era una actualización casi textual del Something Else de 1967). El britpop vivía en el presente, y Davies se sentía cómodo explorando con la raíz americana, tal como Bob Dylan.

Su disco Working man café (2007) posee la eterna contradicción de sentirse subvalorado socialmente, pero haber elegido cortar vínculos; de criticar la americanización de la vida pero tocar country/folk; de querer ser invisible, pero que te tomen en cuenta. A mi me afectó mucho leerlo la Rolling Stone, cuando decía que aun no se recuperaba del asalto de 2004 en su casa de New Orleans. De hecho tengo pegada en mi escritorio una foto de la revista Q de la época, donde dice “Bullets hurt. i`ve got a bit on my leg”.

Lo que más le preocupaba al buen Ray era no haber podido defender mejor a su esposa (en realidad si, evitó que las balas le llegaran) y que este realmente no es un mundo para viejos como él. Por eso quizá, sea más fácil escuchar a The Beatles.

Picture Book es una caja de seis discos que reune hits, inéditos y grabaciones para la BBC. Fue lanzado el 2008 por Sanctuary Records. Una reseña acá.


Notas:

(1) La biografía de los Beatles nos parece tan ordenada y mitificada (niños pobres de la posguerra/Iniciación en Hamburgo/Beatlemanía/Invasión británica/Cumbre artística/India/Decadencia/Let It Be) quizá debido a que es la primera banda de rock, de la cual se escriben libros de tapa dura realmente masivo, heredando cierta mirada Hollywoodense mezclado con sensacionalismo periodístico (los Beatles nunca fueron realmente pobres, basta ver sus casas de Liverpool) y ciertas nociones “causa-efecto” de la historiografía moderna. Pensamos en la biografía autorizada de Hunter Davies (1968). O esta frase de Jay Cocks en una Time de 1980, citada por Alejandro Flores Pinto en su libro “Mil fechas en la historia de los Beatles (1992, C&S producciones, Concepción)

“Ellos hicieron historia tan rápidamente y tan “sismicamente” que su cronología puede ser entregada como un código, o como un juego de asociación en la cual palabras, frases, trozos de versos, nombres, pueden representar años enteros (…) Ed Sullivan, Caramelos. Hotel Plaza. Melenas. Arthur y A Hard Days Night. El Maharishi y M.B.E. Sargeant Pepper. LSD. Apple. “Más populares que Jesús”. Shea Stadium. Album Blanco. Yesterday. “I`d love to turn you on”. Jane. Patti. Cynthia. Linda. Yoko. “Paul Murió. Abbey Road. Let it Be”

(2) Idea de Rodrigo Fresán expuesta en Página/12 y citada por Ariel Rot y Andrés Calamaro.

(3) En este punto, Los Rolling Stones se limitaban a reelaborar lo que The Beatles iban haciendo. Yesterday/As tears go by, Lucy in the sky with diamonds/Shes a rainbow, Revolution/Jumpin`Jack Flash. The Who efectivamente fueron “influídos” a adoptar un sonido más Kinks por el manager Shal Talmy. El resto de las bandas (Hollies, Jon Spencer Group, Small Faces) fueron mas permeables aun, con honrosas escepciones como los ya citados The Zombies

(4) El punk más que “salvar” al rock de la música progresiva, los dinosaurios y lo disco, simplemente potenció a la industria discográficas de fine de los setentas. Remitirse a Simon Reynolds y su artículo “La revolución incompleta” acá.

(5) Si bien, basta sintonizar la Radio 1 inglesa para comprobar como avanza el cut&paste entre la electrónica y lo “afrocaribeño”, hay un elemento de “tradición” que esta música sostenida en la fragmentación.

Kiss y su homenaje al pop fluorescente.

Kiss y su homenaje al pop fluorescente. No sabremos si lo traeran a La Florida, Chile el martes 3 de abril.

LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN ROCKISTA. Hay una escena en la película “Quadrophenia” (Franc Roddam, 1973) cuando Jimmy (Phil Daniels), el muchachito mod declara muy seguro de sí: “yo no soy como los demás, porque soy un mod”. La frase pasa inadvertida en su ridiculez, gracias a las espectaculares peleas mods/rockers que vienen a ser una versión “guerra fría” de las batallas de emos/floggers/pokemones subidas y comentadas en los youtube continentales.

Sin embargo, esta idea del soy distinto porque pertenezco al colectivo de los distintos” junto a la emulación de la “angustia adolescente” (teen angst) son las pulsiones fundamentales del rock como producto industrial, incluyendo sus ramificaciones barriales, metaleras e indie.

Así, queda clara la contradicción: si el rock se vende como contrario a cualquier teología occidental, ¿por qué replica las estructura judeocristiana convencionales?.

En el rock tenemos un paraíso (la America profunda, negra y sureña, donde nació el blues), pecado original (la aceptación tácita del pacto con el “sistema” encarnado en la economía capitalista de postguerra, el orden institucional y la familia); historia de la salvación (“primero estaban los bluseros que los blancos no escucharon, hasta que aparecieron Chuck Berry/Elvis Presley; Los Beatles/Rolling Stones y Bob Dylan que liberaron nuestras convenciones raciales, cuerpos y mentes, respectivamente), santos y mártires (Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y en menor medida Brian Jones y Sid Barrett); la institución de la eucaristía donde revivimos estos hitos (el concierto rock); la transustantación cristiana (cuando la estrella de turno nos hace cantar) e incluso las divisiones dentro de la Iglesia: (el punk como movimiento protestante contra el papista rock de estadios, el postpunk como sincretismo con otras “religiones”, movimientos “carismáticos” o de “catarsis” como el hardcore, grindcore o industrial).

LA VERDAD REVELADA. Si hilamos más fino, vemos en el “rockismo” una respuesta al problema del sentido (1). Una alternativa primitiva y mediada por los mass media (como el futbol) y la industria de la cultura a la angustia de estar lanzados en un mundo que se desfonda siempre. Y, ya que estamos en este juego comparativo, podríamos comparar las encíclicas papales o los tratados protestantes con los artículos de la prensa corporativa. Estamos tan acostumbrados a la moral Rolling Stone, que ya estamos seguros que:

1. El primer disco de The Velvet Underground no vendió mucho, pero cada uno de los afortunados oyentes formó una banda.

2. David Bowie pasó un periodo en Berlin (nunca se nos aclara por qué son taaan importantes los discos de la trilogía, simplemente se repite “periodo berlinés” y listo).

3. “Helter Skelter” demostró que los Beatles también podían ser pesados.

4. El punk revitalizó la música popular convertida en una porquería por culpa del rock progresivo y lo disco.

5. The Clash hacían “rock contestatario”.

Así, no es de extrañar que al mismo tiempo que U2 obtiene un reportaje exclusivo de varias páginas, su disco No line on the horizon (2009), un album absolutamente menor si lo comparamos con otras obras de U2, obtiene 5 estrellas, el puntaje máximo, su autor, David Fricke no cuestiona el disco en puntos donde efectivamente son juzgadas otras bandas menos “empresariales” (ejecución, dimensión comunicativa, lugar que ocupan dentro de la constelación de bandas)(2). O que en la película “Escuela de rock” (Richard Linklater, 2003), el personaje de Jack Black les diga a los estudiantes que “el rock es libertad”, para luego asignarles a cada uno un instrumento sin preguntarles siquiera. O que Lester Bangs sea mitificado en “Almost Famous” (Cameron Crowe, 2000), cuando en verdad fue echado de Rolling Stone por escribir mal de Canned Head. Las revistas de rock son la verdad revelada.

LA PARODIA DE KISS. La otra vez estaba en el cine Hoyts y de pronto el wurlitzer de videos empezó a mostrar una versión de “Beth” en vivo, cantada por ¿Peter Cris? (3). Si bien, Kiss fue diseñado como versión “paródica” de los clichés del rock, volvemos a la idea de “prefabricación e imposición del efecto” de Umberto Eco.

Me explico: The Rutles o Spinal Tap deconstruyen un mito (The Beatles y la banda hard rock promedio, respectivamente) en base a canciones, frases divertidas y, sobretodo una plataforma adecuada (la película documental o “mockumentary. Kiss, en cambio parte desde el principio, homenajeando y exagerando lo más ridículo de los shows en vivo: los disfraces glam de T. Rex o New York Dolls y la mitología de  Parliament (ambos eran del sello Casablanca), la visión de marca de cualquier producto pop (linea de juguetes, películas, series de dibujos animados, comics cuadernos, accesorios, videojuegos), los fuegos artificiales de Rolling Stones, los solos de Led Zeppelin, la teatralidad de Alice Cooper, la euforia de los fans ante cualquier frase del rockstar e incluso la transgreción (las dos “eses” finales se parecen demasiado a la de las SS nazis y Simmons, por cierto, nació en Israel). Es decir, mientras que Spinal Tap te va narrando la demencia de una banda de rock, estos neoyorkinos te golpean, sin mediaciones, con todo el mal gusto posible del rock. Incluso en este video, donde incluso la autoconsciente decisión de hacer que los músicos se visten a lo Kiss sólo acentúa el mal gusto “econiano”

No quiero extenderme las críticas al rock y sus versiones más extremas y, especialmente sus fans. El periodista Kiko Amat del diario catalán La Vanguardia ya lo hizo en un comentado artículo (en la comunidad rockista metalera) sobre un recital de Saxon y citó a varios autores:

Simon Reynolds dijo en un The Wire: “En los últimos 60 y primeros 70, los grupos ingleses bastardizaron el blues, y sus imitadores americanos bastardizaron su bastardización, y en algún punto de todo esto nació el macizas de pinta rameresca. Poco más. El metal, como dice el cruel Reynolds, “carece de alma, es machista, ampuloso y proto-fascista”. Greil Marcus lo llamaría “una pornografía de dinero, fama y dominación sin otra razón de ser que sí mismo”. Y Dick Hebdige decía en su Subculturas (Paidós) que el seguidor metal mezclaba “estética hippie y machismo de estadio de fútbol”. (4)

Quizá en unos diez años más, cuando la industria musical efectivamente sea otra e incluso el vaticinado revival grunge esté tan pasado de moda que comience un revival del revival grunge, nos reiremos del indierock de myspace. Tendremos la claridad mental para aceptar que cualquier banda nueva prefiere una sesión de fotos a un entrenador vocal o horas de estudio o aprender a afinar en SOL. O de reconocer que las parodiadas idioteces del rock se repiten a escala en la “escena independiente”, como la teatralización del bis. Mientras tanto Gene Simmons acredita la presente tesis en esta entrevista a Página/12 (5)

–En una entrevista dijiste que cuando eras chico querías ser Dios. ¿En qué momento te sentiste más cerca de cumplir ese sueño?

-Cuando me monto sobre la iluminación, a 75 pies de altura, mientras canto God of Thunder y todo el mundo enloquece: en esos momentos me siento como Dios.

y más adelante:

–En tu reality Family Jewels, tu mujer dijo que no sabía si te interesaba más el dinero o el sexo. ¿Y el rock?

Lo primero que necesitás es dinero: eso es lo más importante. Incluso en la iglesia Dios te pide la limosna. Antes de que el padre empiece a hablar de Jesús, te ponen una bolsita enfrente y te piden que pongas dinero ahí dentro. Todo cuesta dinero: la comida, los medicamentos, la vida… Incluso las chicas cuestan dinero. Si le preguntás a una chica si te ama, seguro vas a preguntarle: “¿Cuánto me amás?”. No querés saber si te ama, querés saber cuánto te ama. Cuanto más tenés, más atractivo sos. Escribí un libro llamado Sex Money KISS (Sexo, dinero, KISS). Lo que el hombre quiere es sexo, pero para eso necesita dinero: para un departamento, una casa o una habitación de hotel, para invitar a la chica a cenar, lo que sea. Así que para el hombre es sexo, dinero, KISS. Pero las chicas quieren amor, entonces es dinero, KISS y amor. Mirá, si dos tipos están hablando y uno le dice al otro: “Compadre, tengo una mina para presentarte”, lo que responda su amigo será: “¿Qué tal está la mina?”. Pero si la misma conversación es entre dos chicas, va a ser hacer así: (aflauta la voz) “Tengo un tipo para presentarte”. “¿Sí? ¿A qué se dedica?”.

Notas:

(1) Luigi Giussani sostiene en su libro “El Sentido Religioso” (Sudamericana, 1998) que en una sociedad post-cristiana y altamente tecnologizada, el pavor al infinito y búsqueda de sentido obedece a una estructura inherente al hombre. Esto se comprueba en el ejemplo de encontrar un regalo en el suelo de nuestra casa. No nos preguntamos primero qué es, sino quien lo envió, Esto nos conduciría a una respuesta teológica, según el autor.

(2) http://www.metacritic.com/music/artists/u2/nolineonthehorizon

Nótese el 100 otorgado también por la “Q”, que sería el equivalente inglés a la Rolling Stone

(3) Nótese lo autoreferencial de la letra:

You say you feel so empty

That our house just ain’t a home

And I’m always somewhere else

And you’re always there alone

Just a few more hours

And I’ll be right home to you

I think I hear them callin’

Oh, Beth what can I do

Beth what can I do

Beth, I know you’re lonely

And I hope you’ll be alright

‘Cause me and the boys will be playin’

All night

es decir: Me dices que te sientes vacía/ que nuestra casa ya no es un hogar/ que siempre estoy en otra parte/ y te dejo sola/ En unas pocas horas más / Estaré contigo en casa/ Creo que los escucho llamare/ Oh, Beth, que puedo hacer/ Beth, que puedo hacer?/ Beth, sé que estás sola/ Y me gustaría que estés bien/ Porque los muchachos y yo estaremos tocando”.

El rockero faústico y dios del trueno, diciendole a la ¿esposa? que no se enoje si llega tarde, porque tiene que ir a trabajar.

(4) Es notable el infantilismo o “regresión” que sufres cuando te enfrentas a un espectáculo de rock. Estamos hablando de bandas que han sido importante en tu “humanización”. Sólo esto explica la naturaleza de los berrinches o la falta de argumentos (sólo la pasión y la violencia pre-adolescente) al momento en que se dice que esa banda que te gustaba, en verdad es una porquería.

El polémico artículo de La Vanguardia aquí Otra nota interesante del Clarin de Argentina (30 de junio de 2003) acá

(5) La entrevista del 12 de febrero de 2009 acá.

Ok, Radiohead

23/03/2009

Radiohead o cómo perderle el respeto a una banda salvavidas de tu adolescencia.

Hola, venimos en son de paz y en planes de telemercadeo

Hola, venimos en son de paz y en planes de telemercadeo

UNO.

Anoche vi algunos minutos de Radiohead en Sao Paulo (también estaban unos, para variar, robotizados Kraftwerk y Los Hermanos). Thom Yorke, fiel al arquetipo de estrella pop atormentada, bramaba y se contorsionaba, mientras Jonny Grenwood intentaba emularlo con la guitarra y el resto de la banda hacía ruiditos electro y ambientales. Inmediatamente recordé cuando me conseguí por primera vez sus letras. Era el tiempo bisagra entre el Ok Computer (1997) y Kid A (2000) y yo esperaba que tanta “tristeza” compartiera campo semantico (sema, en rigor) con The Smiths. Estaba tomando la peor decisión de mi vida (estudiar Periodismo… ¡estudiarlo!) y necesitaba “entender” completamente la música que me gustaba para soportarlo. Sin embargo las letras –aparte de “Creep” que, sabemos era un comentario/divertimento hacia los llantos del grunge o, en menor medida “No Surprises” y sus reflexiones sobre las angustias cósmicas del capitalismo tardío– no tenían sentido. O peor, en lugar de lo directo, eligieron el camino posmoderno de la asociatividad y fragmentación, ¡¡para canciones de cuatro acordes y con estribillo!!

Karma police
arrest this man,
he talks in maths,
he buzzes like a fridge,
he’s like a detuned radio.

(“Policía del Karma/Arresta a este hombre/Él habla en “matemático”/Zumba como refrigerador/Es una radio mal sintonizada”) … ¿Esto fue lo que conmocionó a mi generación? (1)

Es curioso que mientras The Velvet Underground, banda subterránea/masiva por excelencia manejaba textos que al separarse de la música seguían siendo buenos (“The Gift” es mejor aun sin música), en Radiohead los textos fueran un asunto descartable. Aunque muchos juraran que tenían algún mensaje cifrado sobre la angustia generacional. Si la música crea un paisaje emocional que te deja vulnerable y la letra habla de “zumbidos de refrigerador”, sin jamás resolver la figura… no es esto puro “mal gusto” como retrataba Eco a la “prefabricación e imposición del efecto”? (2).  Y con esto, recuerdo también un comentario de Rodrigo Fresán. El escritor (conocido en algunos ambientes como “Dylan lo que Dylan”) comparaba el Kid A con el You`re The One de Paul Simon (ambos lanzados el 2000). Y si, también mencionó a Dylan. “Si Paul Simon invita a pasar, Radiohead te cierra la puerta en la cara. No es algo criticable, pero el problema está en que, antes del portazo, Radiohead te llamó varias veces por teléfono para asegurarse de que no fueras a faltar a la cita” (3).


DOS.

Y esta es la clave para entender a Radiohead. La banda de Oxford, que comenzó, como dice Fresán, “modernizando” a R.E.M, Nirvana y U2, y que tras la éxito de The Bends logró salvarse del one hit wonder y quedaron inmediatamente posicionados como banda de rock prestigiosa y global. Ahí, Yorke y sus amigos se vieron en la necesidad de demostrar lo inteligentes que eran. Esto no es menor: hasta este disco las cosas iban bien. Las canciones, como diremos más adelante, eran emocionantes, intensas, bien hechas. Pero ellos decidieron intectualizarse como las mismas bandas de prog rock de los que sus fans se ríen. Por algo Radiohead venía de “la academia” (se insiste en destacar lo títulos universitarios de sus integrantes). Y desde allí, cada nueva jugada fue una cerrada de puerta en nuestras narices. Lo peor es que no queremos reconocerlo. Ok Computer tenía un puñado de buenísimas canciones (no así de letras) como la misma “Karma Police”, “No Surprises”, “Let Down” (que terminaría fundando todo un subgénero del eurorock donde se pueden incluir a Kashmir o Kent), “Lucky” o la grandiosa “Paranoid Android”. SIn embargo, no es para nada una canción amable. Es un portazo, algo torpe dirigido no hacia los “críticos” o “teóricos del rock/pop”, sino hacia sus admiradores. “Ok, saquemos la canción más larga, con más secciones instrumentales y más “experimental” y ríamonos en sus caras”. No por casualidad uno de estos cambios de estructura (la parte “lírica” que va entre las descargas de guitarra) terminó usandose en una campaña anti-drogas, justamente para reflejar la decadencia y destrucción de vínculos del drogadicto. Por algo el disco Ok Computer (1997) no sigue para nada la línea de “Paranoid Android” y finalmente se orienta hacia singles depresivos pero radiales. El Sgt Pepper`s de Los Beatles, en contrapunto era un experimento entre la ruptura y la masividad en TODAS sus canciones (3).

Luego, pasaron bastantes años para enterarnos de la jugada Kid A (2000). Si este disco debutó número uno en la Billboard (“conquistamos America sin singles ni videos”, seguro que gritaron para luego volver a los rostros catatonicos), fue más que nada por la revuelo del Ok Computer. No sólo por sus singles exitosísimos, que permitieron revalorizar su anterior “obra”, sino también por las encuestas de revistas como la “Q” donde superaban a los Beatles y algunos analistas que decían que era el álbum que mejor retrataba la locura mileniarista y el 2YK. La música demostraba que hace rato se habían pasado de los pedales grunge a los arpegios de la guitarra clásica, la música concreta y, sobretodo, el krautrock. Yo, por otro lado, me conseguí un VHS con todos sus clips y, aunque me encantaba el de “Just”, con el tipo diciendo la palabra prohibida en una metropolis muy “Alanmooreana”, me dejó sospechando que en estos tipos no se podía confiar.


TRES

Amnesiac (2001) fue el castigo por cerrarnos las puerta después de invitarnos a su casa con videítos, subidas sospechosas a Napster (algunos sospechan que la misma banda lo hizo) o entrevistas en Rolling Stone, donde no decían nada memorable pero terminaban cayendote bien por ser tan nerdies, perdedores que terminan ganado y, obvio, con pretenciones intelectuales (aunque nunca te dicen si leen a Vonnegut, aunque parece que si a Phillip K. Dick). Ya cuando trataron de recuperar la polvora, haciendo “canciones” y llamando al productor estrella Nigel Godrich en Hail to the thief (2003) (4) yo no los escuchaba y creo que bastante gente “atenta” los empezó a mirar en menos. ¿Se lo merecían?

Todo el recorrido crítico hacia Radiohead se vuelve más claro con In Rainbows (2007). Si los anteriores utilizaban la internet 1.0, ahora se centraban en la net 2.0. Veamos. Primero llegó como noticia: “Radiohead graba nuevo disco”. Después, la forma de obtenerlo (¡Y NO LAS CANCIONES QUE CONTENÍA!): “Estará primero para descarga en internet”. Luego, el modelo de negocios: “‘¡Cada uno le pagará a la banda lo que quiera por bajarlo!”. Más tarde los analisis económicos, repetimos, el contenido aun da lo mismo (además, a juzgar por su discografía, ya tienen quemados todos los cartuchos): “¡Se acaban los intermediarios! ¡Un hecho nunca visto en la historia del pop!”. Más tarde el eslogan, a días que la operación se realice: “RADIOHEAD CONTRA LA INDUSTRIA”. La banda, se sabe, estaba atenta a los foros, blogs y sitios, como cualquier empresario, comprensiblemente.


CUATRO

Si, yo me bajé el disco de un rapidshare cualquiera. ¡Según el manager de la banda soy un delincuente! Sin embargo tenía que hacer un artículo y, si bien, ya sospechaba que esto era “la maniobra de marketing musical más grande de la historia”, conservaba mi fe en que esta posibilidad de descarga y, más aun, el desligue con los sellos, haría que el resto de las bandas dejaran de ser manipuladas y, obtuvieramos mejor música y mayor acceso a canciones (sencillamente no habrían tantos plazos impuestos por los genios del marketeo y, como en myspace, escucharíamos maquetas, singles, eps, experimentos, en tiempo real). Nada de esto pasó, Radiohead volvió a la industria (nunca se fue, en verdad), sus shows siguieron siendo aburridos y todavía no les entiendo nada de lo que cantan o dicen.

Al menos hay gente que lo ha notado. Como Marcos de “Lunes Felices” (5), un bloguista argentino. Dice en un post llamado “Radiohead,U2″ sobre el proyecto In Rainbows y el cinismo o lo poco azaroso de poner “gratis” el disco para bajar:

“En realidad $0.00 era una de las opciones para pagar por el mp3, pero la gente dejó un promedio de $2.72 (que fueron casi 2 millones de dólares libres para ellos) (…) Pero además, por esta movida hubo una enorme ganacia secundaria gracias a la publicidad gratuita, multiplicada en diarios, revistas y tele. (Algo que se supone no va a apsar si lo hacen otra vez) (…) Los fans que bajaron el disco, obtuvieron una version “standard”, devaluada. La banda, mas allá del discurso de que los tiempos cambiaron, y las formas de distribucion blah, y las compañías, bleh, editaron una “especial Edition” con un disco bonus de canciones que no estuvieron disponibles para bajar. (…) Las compañías discográficas siempre son el demonio que va en contra de la sensibilidad y bondad de la banda (que sólo piensan en ser artistas), pero a la hora de pedir una cifra exorbitante como cache, indirectamente determinan el precio de las entradas (seguramente ayudados por el empresario local) (…) Una lucha de titanes por controlar las ganancias en dos escenarios distintos. U2 viniendo de los 80’s; Radiohead, rediseñándose a lo actual. Tendría que aclarar que la cuestión de la ganancia de dinero por vender discos no está ni bien ni mal, éste es un posteo sobre el cinismo que se desprende de la “forma” de obtener ese dinero, con discursos que van en dirección contraria, y que hasta me atrevería a decir que es una reacción al desierto artístico en que ambas bandas se encuentran“.


CINCO

El bloguista dice que aunque pareciera una distancia enorme tocar canciones y salir en la prensa hablando de estrategias comerciales de venta, Radiohead logra que sea lo mismo. En verdad, hay algo siniestro en este proceso. Cada estación de Radiohead termina siendo una estrategia de negocios, donde desde las bisagras del Ok Computer y, sobretodo, del fracaso de Amnesiac (7) fueron conviertiendo al grupo de Oxford en una banda que pasó de demostrar su inteligencia aplicada a la música pop/rock a utilizarla para los negociar sus productos musicales.


Notas:

(1) “Karma Police”, single de Ok Computer (1997). Además la línea de piano y producción es igual a “Holocaust” de Big Star. Y que yo sepa, jamás los han nombrado en una entrevista.

(2) Eco, Umberto. “Esctructura del mal gusto” en “Apocalípticos e integrados”  (1965, Ed, Bompiani)

(3) Fresán, Rodrigo. “Los Modernos”. Página/12, 5 de noviembre 2000. http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/radar/00-11/00-11-05/nota6.html.

Hay otra nota, publicada en Página/12, el 17 de julio de 2001 que los retrata perfecto:

“VENIMOS EN SON DE PAZ”

Los Radiohead son los más extranjeros de todos porque, bueno, Radiohead aspira a ser extraterrestre. O, al menos, a interpretar música alien. Les salió muy bien en O.K. Computer, les salió muy mal en Kid A, les ha salido un poco mejor en Amnesiac. Radiohead sufre, gime, desarticula su propio éxito, y pocas veces se escribió tanto y tan delirantemente como a la hora del lanzamiento de su esperadísimo y para muchos genial, para muchos tonto, Kid A. Están los que quisieron ver en su anarquía depresiva un manifiesto revolucionario contra el estado del rock. Están los que quisieron ver en su acuosa inocurrencia la imposibilidad de sobreponerse a la propia leyenda y componer algo que por lo menos se parezca mínimamente a una canción. Me atrevo a definir lo que hace Radiohead –lejos, muy lejos de lo masturbatorio– como rock fetal, música para útero, el sonido del solipsismo definitivo. A muchos les encanta eso porque es el destino más extranjero de todos y, al mismo tiempo, el punto de partida por antonomasia. Tan lejos, tan cerca.

Noches atrás, Canal Plus transmitió en exclusiva a sus abonados europeos la presentación desde París de Amnesiac. Ahí estaba Thom Yorke cantando y vibrando como un epiléptico durante un terremoto; ahí estaban sus amigos moviendo perillitas, pisando pedales, mirándose entre ellos con aire de profunda trascendencia y sonrisa de expediente X, perdidos en el espacio conceptual y autista de sí mismos. Una humilde predicción: de aquí a unos pocos años hablaremos de Radiohead del mismo modo en que hoy hablamos de Yes.

(4) En Chile, Los Tres compartieron la línea de Radiohead, lanzando un single “anti-fans” como “Bolsa de Mareo” para acabar con la euforia Unplugged (1996) y entrar en las turbiedades de Fome (1997). Sin embargo, en este caso, la mayoría de las canciones SI estaban en la línea destructiva del adelanto radial.

(5) ¿Por qué tomaron estas medidas? Como podríamos sospechar maliciosamente, desde una perspectiva marxista y considerando la increíble estrategia de marketing de In Rainbows fue por un asunto de ganancias. La lógica, evidente, es: eramos exitosos porque no hacíamos discos enteramente “experimentales” (dentro del pop, claro) sino que tenían singles. Ahora que hicimos un disco como queríamos, nadie nos escuchó, Por ende no nos quieren por nuestro lado “rarito”, sino por las canciones. Que triste, pero tenemos obligaciones, es nuestro trabajo… a volver a hacer un disco como The Bends, no mejor como Ok Computer y a ganar plata de nuevo.

(6) Ojo con los links del Guardian para comprobar las aseveraciones en http://lunesfelices.blogspot.com

(7) A nivel musical es notable el cambio del pop/rock alternativo convencional hacia el avant garde “masificable”. ¿Como es posible cambiar y pretender mantener el mismo estatus industrial del producto?. Eso da para otro tema, el cómo la industria cultural permite una calidad “formal” en desmedro del impacto subjetivo del “producto”. Así, “Life on mars?” de David Bowie sonará mejor que “Holocaust” de Big Star, pero esta última tendrá más posibilidades de impacto emocional que la primera, sencillamente porque es más “libre” estructuralmente.

Autoritarismos, polémicas y por qué Los Prisioneros me aburren.

UNO. Cada país tiene el “rockstar” que merece, aunque el concepto de estrella me parece infantil, demagógico y populista. Los ingleses, desde Lennon a Amy Winehouse derrochan anarquía controlada y  humor (británico). En Estados Unidos están los “working class heroes”, individualistas, sentimentales y que no dudarían en escaparse por la carretera en busca de la libertad blanca anglosajona y protestante: Elvis, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Ryan Adams, incluso Cobain.  Al lado, en Argentina tenemos verborragia, locura y populismo estilo Perón,  desde Charly García, Pappo y Spinetta (capaz de insultar a quienes lo homenajean) hasta Indio Solari, Calamaro y sus calamaritos. Y en Chile… bueno, tenemos a Jorge González. Un hombre excesivo hasta para manejar su talento, violento, con tanto humor como un héroe de la independencia. Una perfecta cristalización del autoritarismo-sumisión, que los chilenos tenemos impreso en el ADN.

El año pasado escribí un ensayo en Emol sobre cómo Gonzalez juega a la seducción y rechazo para así provocar dependencia, y como eso provoca una extraño -y gracioso- delirio colectivo. Fue un humilde intento personal por separar aguas con cierta “prensa musical” que es más amiga de los músicos que de la música, y que por eso mismo, son ciegos a los debates (de verdad los hay) y conversaciones que se generan en la periferia de ese molesto nerd-set que agrupa a bandas, periodistas y periodistas con banda.

Me parecía significativo que el tipo agarrara una guitarra, tocara mal y sin banda y la gente -los que odian pero marchan junto a los jefes de las fábricas, por poner una idea “Gonzalista”- con los ojos blancos. En cuanto fue publicado muchos fans afiebrados me mandaron mails mal escritos y con mayúsculas. Una cosa es sospecharlo, pero otra muy distinta es comprobar el tipo de adoración que genera un compositor que, bueno, hizo “El Baile De Los Que Sobran” y un puñado de canciones más o menos interesantes, dijo un par de cosas que todos sabíamos en La Teletón y Viña Del Mar y que es fan de Matt Groening.

DOS. Y Narea sacó su ¿esperada? autobiografía. Sin ser una Joyce Maynard recapitulando (fans de Salinger, remitirse al incomprendido “At Home In The World”, traducido como “Mi Verdad”, 1998), leer “Mi Vida Como Prisionero” a ratos aflije y desespera. Sobretodo cuando relata sus intentos por salvar la relación con Claudia, su esposa y amente de Gonzalez. O al reconocer que no hizo nada por levantar la voz ante los ninguneos del entorno de Los Prisioneros (patadas incluídas).

Miguel Tapia, el baterista, no aparece mucho. Tocaron juntos en La Cumbre Del Rock Chileno. Recuerdo que en la revista Wikén, en una de las caricaturas de Salinas aparecía agarrandose al cuello de Gonzalez diciendole “despídalo jefecito”, refiriendose al Narea. El horror.

Sin embargo, en otro nivel, el libro puede entenderse como la historia de un hombre que jamás terminó de elaborar su caracter. Alguien que nunca supo levantar la voz, ni arriesgarse, ni responder. Si somos animales, el hombre debería gruñir, cazar, luchar. Nada de eso hace Narea, que se pierde en un torbellino de llantos y traiciones. De hecho, es impresentable el capítulo dedicado a los psicopateos por myspace, donde ¡se incluyen los mails de la pérfida “Karola Jolie”!. Así se llama, la supuesta “tipa”, que terminaría siendo Gonzalez como un oscuro y psicópata flogger/pokemon. Esto comprobaría la tesis del homoerotismo latente entre ambos músicos .

Y es terrible esa sensación, porque bajo ciertos contextos y escenarios es muy difícil “hacerse hombre” o mejor dicho “ser-en-acción”.  Bajo esa proyección, uno tende -y se tienta- a solidarizr con “Claudio”. Pero no es mejor su sospechoso entusiasmo por remarcar sus miserias, escudándose en el papel de “bueno de la pelíula”. A un nivel preconsciente, Narea sabe que es la máscara que mejor le queda, tal como Gonzalez sabe usar su corrección política disfrazada de confrontacionismo. ¿Qué más correcto que hablar mal de Led Zeppelin? ¿Qué más predecible que hacerse amigo de músicos jóvenes que se emocionan con el mismo synth pop que saqueó junto a Los Prisioneros?

TRES. González aparece en la prensa alegando contra Narea y de paso, contra un reportaje de El Mostrador, donde se dio a conocer su relación con Verónica Vega, hija del general (r) Ramón Vega procesado por el Caso Mirage (nota: la tesis es que ella heredó dinero de su honorable padre, que a su vez  es investigado por hacerse millonario vendiendo aviones de maneras poco ortodoxas, sólo así se explica que viviera en un buen departamento en una ciudad tan cara como Nueva York).

Una de las características más obvias de la “chilenidad” es proyectarse y adherirse a un caudillo, que supuestamente es “como uno”. El caudillo termina traicionandolos, de una manera tal que pocos se dan cuenta. Esa es la tragedia nacional: las agendas escritas con letra chica. Veamos: González fue inteligente no sólo para apropiarse de la semántica de los Clash y el punk/pop español de “La Movida” y la supuesta modernidad del krautrock hecha pop de sintetizadores. Ahí están las canciones de su discografía pre-Corazones y su notable trabajo en torno al resentimiento: no a los ricos, no al sexo, no a las noches de sábado, no al amor, no a la Dictadura (es interesante notar que cuando ésto último se hizo explícito en “La Cultura de la Basura” (1987), empezaron a vender menos. Y el cierre de recintos deportivos donde tocar, adminisitrados por militares no es excusa, ya que sabemos que esto los vuelve aun más populares como pasó con Iron Maiden a fines de esa misma época). Gonzalez, retomando fue inteligente blindarse gracias a sus amigos ABC1 (y criticarlos penosamente en canciones como “Por qué los ricos”). Y a la vez, para arrastrar a los colectivos de las clases medias y bajas -tan imbéciles como los ricos, según la canción- a verlo como un héroe dueño de la verdad y la lucha por la Democracia.

Y claro, mientras me aburro de tipear sobre este mundillo, Gonzalez responde en su fotolog que curiosamente por esta autobiografía los periodistas le mandan más mails que cuando toca en vivo (sé como ha rechazado varias entrevistas ¡musicales!, aunque me dicen que su hermano-manager es el mala onda, yo no lo conozco ni he gestionado directamente con él). Seguro que las notas de prensa hablarán tibiamente sobre Narea, se cuidarán de la furia de Gonzalez y Tapia, bueno, saludos a Tapia.

Es que Los Prisioneros generan la misma lealtad que la UP. Si estás contra ellos, estás a favor de la Dictadura. Quizá por eso un columnista del Clinic dijo que el nuevo disco de la banda (¿”Manzana”?) era un asco y a la semana siguiendo dijo que no, que lo escuchó mal, que es bueno… sin mucha ironía.

Que asco el regreso de los ochentas (que llevan toda una década regresando)


Uno. Nunca me tragué el discurso patriotero de Michael Stipe cuando siguió en tiempo real las elecciones estadounidenses, en el segundo recital de R.E.M. en Chile. Aunque cuestionar la administración Bush es casi simbolo de civilicazión y estar atento a Obama no tenía nada de malo, convertir “SU” proceso electoral en “NUESTRO” asunto de interés nacional fue demasiado.

Dos. Eso mismo dije en la radio donde trabajaba, comentando el recital. A nadie le importó mucho mi posición. Es curioso que los más “jóvenes” -con 29 años, claramente ya no lo soy- discutan sobre las virtudes de Obama y la mala gestión de Bush y no sean capaces de reconocer las consecuencias de nuestra transición pactada.

Tres. Ayer seguí el evento por la tele. CNN me dio un poco de asco, así que me quedé con la BBC. Obama habló con una mezcla entre telepredicador y rapero, sin mirar sus apuntes, como Allende pero sin tono mesiánico. No dijo nada muy emocionante, excepto la observación de que la Casa Blanca fue construída por esclavos negros. Y que van a “re-construir2 Estados Unidos.

Cuatro. Hubo show, algunas voces disidentes, niños cantores, postales con Michelle Obama e hijos, gringos celebrando la llegada de alguien nuevo, distinto, mejor que el anterior presidente (aunque su gabinete es mas continuista de lo que nadie llegará a reconocer aun). Con la misma emoción del chileno medio que sublima su formación religiosa en estos mesias laicos que son los políticos carismáticos.

Cinco. Pienso en Stipe y como nos volvió participes que nunca serán beneficiados de esa “new hope” que los despiertos asesores del nuevo presidente lograron posicionar y llevar a la sala oval. ¿La bendición de “America” alcanzará a llegar más al sur?

Cinefilia tardía, la noche en Bellas Artes, algunos episodios importantes para mi generación.


UNO. ¡ES VIERNES POR LA NOCHE! Pero yo camino enrabiado por el centro. Toda la tarde trabajando (escribir, terminar las entradas del blog archivo, buscar temas), sin poder ver a Daniela y con puras películas de mierda en la cartelera. Los cuentos de la Zona de Contacto de los noventa comenzaban así. La noche, un tipo solo y la ciudad que emerge como una colmena de neones y aventuras. Es entendible: el mítico suplemento estaba escrito por tipos que vivían en “el barrio alto” y que se deprimían con piscina, empleadas y la mesada del papá empresario. Para ellos bajar hasta acá era una aventura, cuando para el resto era un costumbre.

Ya no está “Santos” en la cartelera. La película fue destruída con una violencia nunca vista. Yo la vi en una función especial, antes de entrevistar a Nicolás Lopez y no me pareció tan detestable. Incluso, en un momento el equipo se atascó y el otro periodista que estaba en la sala lo arregló para poder ver lo que pasaba más adelante. No sé que habrá escrito de la cinta.

Bueno, basta googlear para encontrarse con la “anécdota”, como dicen los cinéfilos, de la película: un dibujante de comics pierde toda su obra en un incendio y se separa de su “mecenas” que aparte de quedarse con su novia es un villano y un mosco humano venido del dobleverso el dice que al dibujante que es un superhéroe. También se pueden ver las criticas, debates y disparos de posteos contra Lopez. Que se muera, que cómo se le ocurre gastar todo el dinero, que es un nerd asqueroso.

Lopez intenta defenderse más que defender su historia. Esto prueba que el estreno de “Santos” fue un involuntario foro en torno a la figura de su director. La excusa de seis millones de dólares (“Juno” costó diez y sin efectos especiales, me diría) para una carnicería más nerd aun: posteadores anónimos que dicen saber de cine.

Tal como un partido de la selección donde todos son entrenadores después del fracaso, acá todos son unos Alex de la Iglesia, Tarantino o Rodriguez. El problema es que “Tony Manero”, que ciertamente es una película discutible, escapó hacia la gloria por esa estúpida manía de las personas de aceptar los filtros.

Si, porque desde antes que estuviera terminada “Tony Manero” ya tenía cobertura. Los premios que ganó antes del estreno en Chile fueron generosamente informados. Ulf Hultberg, director del “Clavel Negro” me dijo, después de una entrevista que cómo era posible que una película ganara antes de competir en el Sanfic. “Si sólo le chupan la pinga al protagonista”. Quizá eso que llaman “opinión pública” necesita que otros aprueben los productos culturales que consumen antes que pensar por ellos mismos. Descansar en la seguridad de los consensos que vienen desde “arriba”. Otro síntoma del estado patronal que seguimos viviendo.

DOS. Llamo a Pablo por teléfono. Él y su novia me apoyaron mucho cuando llegué a Santiago. De hecho unos meses yo regresé a Talcahuano y venía a reportear acá y ellos me alojaban. Y de paso me llenaban la cabeza con teorías de la conspiración y documentales que demostraban cómo nos manipulan las instituciones.

Mis primeros años en esta ciudad no fueron muy buenos. Me acuerdo de estar caminando a las cinco de la mañana por el centro, mientras los obreros iban a trabajar y hacía mucho frío. O una pelea telefónica que tuve con mis padres, desde un cibercafé donde los gays transan y que era el único que estaba abierto. O mi desesperación por entregar un texto que finalmente no salió publicado por estar mal reporteado.

Y acá estoy caminado, mientras un camión con la Banda Conmoción toca cumbias klezmer y la concurrencia de los cafés lo mira sintiéndose un poquito más en Barcelona. Es divertido que el mismo público que toma capuchinos aquí se ríe del snobismo, que yo no lo veo por ningun lado. O sea, si hacemos un ejercicio de sociología diríamos que los jóvenes creen aparentar vanguardismo tomando café (que ciertamente no lo es) pero sienten culpa de gastar el dinero en ésto en lugar de cerveza, transfiriéndolo al resto y pegándoles el concepto snob, que dudo, sepan definir. El mismo público que desde la seguridad de la casa de sus papás, postean que “Santos” es una mierda. SIn haberla visto.

Me encuentro con Pablo afuera del Bellas Artes. Hay unos manifestantes pro-mapuches. Nos da un poco de risa: mi tía es activista en la Araucanía y los mismos mapuches le dicen que no dejan pasar a nadie a sus tierras. Debe ser horrible que unos universitarios que a falta de pragmatismo tienen “ideales” (“las ideas se esfuman y lo que queda es la realidad”, me decía un sacerdote italiano que estaba enamorado de Naomi Campbell), vayan a hacer suya una lucha centenaria de tu gente.

-¡Guarda tu Ipod, te lo van a robar! -me dice.

Y claro, si insconcientemente es mi única forma de testificar “progreso material” en un lugar donde muchas veces caminé como zombie de madrugada pensando como salir de ésta.

TRES. Trato de explicarle a Pablo y Daniela, su novia, de qué trata “Santos”. Estamos en un restaurante peruano frente a la Estación Mapocho. Su estilo es “porteño”, así que me gusta. Como reineta con papas fritas y ensalada. Tanta caminata por mi viejo barrio me dio hambre. Tengo que llevar a mi polola acá. Aunque considerando su intoxicación en otro restaurant, quizá no sería una idea tan seductora.

-Y seguro que es un superhéroe -dice la pareja de Pablo.

-Que basura… Pero puede ser que la gente la use para atacar a Lopez -dice Pablo.

-No sé muy bien en qué esté la gente.

-Yo creo que una película debe ser verosimil. Aunque sea imposible en la realidad, en la película debe verse así. Al parecer “Santos” no lo es.

-Además es una historia enredada, ¿no?

Mis amigos tienen razón. Lopez supo vender la idea de la película: “Mira, se trata de una épica de historia de amor en pleno fin del mundo”. Y a los inversores les gustó. Punto para Lopez. Segundo, se la jugó por mostrar una historia personal. No sé bien por qué, pero siento solidaridad por eso. Debe ser terrible hacer pública una obsesión y que la gente desee tu muerte por eso.

Eso comprueba nuevamente que lo torturado tiene buena prensa. Trent Reznor no tiene pudor en mostrar sus laberintos existenciales (que si hilamos fino es sólo un Edipo mal resuelto y bailable. Lo festivo o “nerd de comic” al menos en Chile -que siempre se ha creído un país serio y austero, miren lo que pasa el 18 o el año nuevo- es castigado.

Tercer punto: la cinta en cuestión si bien no termina de cerrarse, realmente se la juega por subvertir el género y “chilenizarlo”. Un crítico español dijo que reirse de los superhéroes era una obviedad, que no era necesario hacer una ironía con eso. Yo creo que explorar la chilenidad desde la precariedad de un superhéroe que jamás asume, no es tan idiota como parece.

Esto se me hace claro cuando termino de ver “Slumdog Millionaire”. Los créditos (ojo, no cuento el final) vienen acompañado de una festiva coreografía Bollywood. Y los jovencitos que postean dicen que nada que ver, que arruina la dimensión de la película. ¡Pero si son sólo los créditos! ¿Que querían? ¿Chascarros? Es evidente que si la historia es india, puede haber un homenaje a la célebre estética del cine indio: colores y baile. Si esos lolitos no entienden una secuencia de crédito, tampoco pudieron ver más allá de “Santos”.

Y bueno, no podemos negar la envidia, pero es tan evidente que es aburrido desarrollar la idea.

Es tarde (bueno, son las 11:00 no más, pero me gusta el horario neoyorkino) y me vuelvo a mi casa en taxi. La Catedral de noche se ve muy bien. También caminé por ahí, y pensar que nunca me creí Matías Vicuña.